jueves, 12 de julio de 2018

TÉCNICAS PARA QUE TUS LECTORES SE ESTREMEZCAN DE EMOCIÓN


Texto extraído del blog Gabriella Literaria


Vikram Seth tardó unos diez años en escribir Un buen partido y yo me lo leí en una semana. Cuán ingrata la labor laboriosa y labrada del autor. Como lectores, damos por sentado ese trabajo, damos por sentado mucho de lo que nos encontramos en un libro. Podemos fijarnos con facilidad en lo que no nos gusta, pero cuando encontramos un libro que nos apasiona, que nos engancha, no nos preguntamos el porqué. Creemos que eso ocurre por arte de magia, como resultado de una escena de esas de sitcom o de comedia romántica en la que los protagonistas limpian la casa en apenas un batir de pestañas, con una banda sonora chachi de bailoteo de fondo. El autor empieza a escribir y sus dedos hechizados vuelan sobre su teclado chiripitufláutico.Damos por sentado lo bueno, lo que no se ve. No somos tan inconscientes con lo malo, con la basura que alguien ha barrido bajo la alfombra. Contra eso no hay música chachi de bailoteo que valga.
¿Alguna vez os habéis preguntado por qué os irrita tanto encontrar cosas que no os convencen, que están mal hechas, en un libro? No hay más que ver las críticas de lectores a un libro que no les parece bueno: son rabiosas, son muy… personales. He encontrado un gerundio de posteridad en tu libro y ahora necesito averiguar dónde vives para prenderle fuego a tu casa.
Mi teoría es que es por culpa del sueño de ficción. En cualquier texto narrativo, sea una novela, una película, una serie de televisión o un relato ilustrado, entramos en un pacto. Sí, hacemos un pacto con el escritor que viene a ser el siguiente: voy a creerme todo lo que me cuentes a partir de ahora, pero a cambio tú tienes que sumergirme en un estado casi de trance, hipnótico, por el que yo me veré completamente inmerso en el mundo que has creado.
Como en cualquier pacto, si una parte no cumple con lo prometido, la otra se siente traicionada. Y, por desgracia, a los escritores no se nos permite enfadarnos si un lector no ha entrado en nuestro sueño, porque gracias a esa maravilla llamada ley de la oferta y la demanda, es el lector quien tiene todo el poder.
Como escritores, es nuestra obligación inevitable que el pacto funcione. Esto implica dos cosas: 1) no cagarla (o, por lo menos, no cagarla lo bastante como para sacar al lector demasiado de ese trance) y 2) crear el trance, para empezar. Como escritores, en nuestro oficio está entender cómo crear esa magia que los lectores disfrutan igual que un buen truco de prestidigitación. Ellos disfrutan del sentido de la maravilla, pero somos nosotros quienes tenemos que currarnos el truco.
Cuando alguien empieza a escribir, cree que los grandes trucos de magia se realizan con habilidad (¡talento!). No es consciente de las horas de práctica y estudio que hacen falta para que el lector realmente se crea que el conejo ha salido de la chistera o que hemos cortado de verdad de la buena a esa señorita por la mitad, sí, a la del biquini y tacones en dorado y lentejuelas.
Una de las mejores formas para que el lector se crea todo eso de la chistera y las lentejuelas es creando un tono, una ambientación emocional. Seguir leyendo

martes, 10 de julio de 2018

EL PELO DE NICO (micro)


Nico tenía un lindo cabello rubio, salpicado de vetas. No lo llevaba muy largo, pero tampoco corto; una media melenita, pareja y lacia. A muchos adultos, quizás demasiados, les había dado por despeinar al pequeño a modo de saludo, como señal de cariño e incluso de admiración. Cada vez que se encontraban sus padres y él por la calle con unos amigos, recibían visitas en casa o quedaban en una cafetería, lo primero que hacían era desordenarle el alisado al chiquillo. Nico estaba ya harto de tanto empalagoso halago (“¡Qué guapo es!”, “¡Qué mayorcito está ya!”, “¡Qué pelo tan precioso!” y otros no menos trillados y vistos) y tanta falta de respeto a sus peinados.  

Un día de verano dijo a su padre: “¡Me quiero rapar!”. Y se rapó al 1, dejando casi a la intemperie una cabecita sonrosada y suave, tapizada de una insignificante y erecta pelusilla. "¡Ea, se acabó!". Pero, ay, no se acabó. Ocurrió que los mismos, o más, que antes lo desgreñaban, ahora le sobaban la delicada testa, con manos que a Nico, para su irritación, se le figuraban grasientas y pegajosas.

JOSÉ ANTONIO RAMOS

sábado, 30 de junio de 2018

HOY SOLO QUERÍA


Hoy desperté con deseos de saborearte sin prisas,
besarte toda la piel. Todo me gusta de ti, mi alma te ansía.
Tus horas invisibles recogen de mi pecho sueños y latidos
deleitándome en los versos de todo tu amor.

Hoy déjame amarte todo el día.
Llenas mis pensamientos  y me trastornas con tu presencia
No es tu aroma, ni tus besos,
Hoy  me llenas de deseos.

Hoy quiero  acariciarte, tocarte, morderte.
Mis labios besarte, llenarte de ternura
agarrado a tu cintura,
disfrutar del jugueteo de tu lengua por mi cuello
y  de tus dedos expertos
recorrer mi desnuda anatomía sabiamente.

Hoy no me importa que el sol no alumbre
ni que en el cielo la luna no brille,
que  no existan estrellas, planetas ni luceros.
Hoy solo deseo sentir el calor de tus besos

Hoy me pierdo en tu cuerpo y tú en el mío,
En una locura soñada, en una pasión desatada
de cuerpos fundidos en uno, de miradas ávidas, de silencios compartidos,
sin que el tiempo pase, sin que nada nos detenga

Hoy no sientas miedo,
es mi alma quien te sigue a todos lados
y mi corazón exige, amor, entre placeres callados.
Hoy simplemente quería...


Mª CARMEN BECERRA GARCÍA

miércoles, 27 de junio de 2018

LIBRE




No quiero amarras,

quiero que me quieras libre,

libre como el pensamiento,

que me trae  a tu mente cuando quiere.

Quiero que me dejes ir y volver cuando yo quiera.

No quiero que me exijas, que me reproches, que me reclames.

No quiero amarras,

quiero sentir que te quiero porque quiero.

Quiero sentir que estás porque tú quieres.

Que  solo un deseo libre nos haga estar unidos.

No quiero amor  fingido,

no quiero amarras.

Quiero volar libre, como una gaviota,

en tus tranquilas aguas.


                                                                                  FANY ACEDO


martes, 26 de junio de 2018

BINOMIOS CON TALENTO




     Patios de poesía, 
pétalos  de métrica alarife,
arrayanes de  lamento y algarabía,
interiores de  canción y pena.

     Pradera  que se fue con el río
brotaba la elegancia por el manantial de tu boca
sin hacer ruido marchaste  por la sombra
fuiste paloma libre  y no triste María Dolores.

     Entre la libertad y el amor,
elijo a los dos.
En la noche del cautiverio
más grande,  por tu ausencia, sería el dolor.

     Pintura para  tus manos,
escritura de tus labios.
Dibujarte siempre,
escribirte también.

                                                                                JOSÉ LUIS TORRES

lunes, 25 de junio de 2018

ATARDECER









El sol se niega a partir.
Quiere asirse al horizonte
y se ha abrazado  a las nubes
que, melosas, lo han rodeado
volviéndose algodón de azúcar,
 nata montada, merengue.
Pero el cielo lo delata,
dejando ver toda su luz
que escapa entre las rendijas
en suaves hebras doradas.
Provoca explosiones rojas,
amarillas  y naranja,
lo tiñe todo de rosa,
de salmón, de lilas tenues.
Las siluetas de los montes
se oscurecen a sus pies
y  algunos árboles altos
dibujan sombras chinescas
sobre el brillante tapiz.
Poco a poco, suavemente,
se va perdiendo la luz 
y, de pronto, el sol resbala
en inmenso tobogán.
La tierra queda en tinieblas
esperando su regreso
mañana al amanecer.

                                          MARÍA ROSARIO FERNÁNDEZ

domingo, 24 de junio de 2018

RECUERDOS





Recuerdo tu voz una noche poblada de estrellas.
Me apretabas los hombros con tus protectoras manos.
Susurrabas que ojalá los hombres un día, en ellas,
construyésemos  mundos mucho más humanos.

Te recuerdo dolorido, impedido, yaciente,
un largo verano lejano y desgraciado.
Soportaste el mal resignado y paciente:
nunca vi en ti queja, tristeza ni enfado.

Te recuerdo en mi cama, sentado a mi lado.
Mirabas al suelo, varias veces me acariciaste.
Se había apoderado de mí el triste hado:
borrarlo con tu cariño intentaste.

Mis recuerdos te dan vida después de la muerte:
pertenecen ya a mi ADN existencial.
Tu fallecimiento fue instantáneo y brutal.
Padre, pasa el tiempo, pero no dejo de quererte.

                                                                                                      MANUEL PEDRAZA





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