martes, 11 de abril de 2017

CROMATISMO

          Siempre me han atraído los colores. Cuando de pequeño me regalaron mi primera bicicleta dudé de la marca y del modelo, pero no de que debía ser azul brillante. Desde entonces, cuando veo cualquier vehículo de dos ruedas de ese color pienso en el niño que pedaleaba por el paseo Real y que daba un sinfín de vueltas a la plaza de Castilla, o en las carreras con otros chavales por las calles menos transitadas de mi barrio.
             No puedo dejar de sonreír ante algo naranja que lleve una mujer en el pelo. En la escuela me senté durante dos años detrás de Clarita, mi primer amor, si es que un sentimiento tan infantil merece un calificativo así. Desde aquella posición privilegiada la miraba sin que ella lo advirtiese, quedándose grabados en mi memoria los lazos naranjas de sus trenzas. Era la única alumna con esos adornos, y además, embellecían a la chica más encantadora que había conocido hasta entonces.
            El blanco brillante es especial para mí y uno de mis favoritos. Es el color de las noches estrelladas. Siendo muy niño, mi padre me enseñaba el nombre de esos otros soles que pueblan el universo, me hablaba de la posible existencia de mundos, con los que algún día entraríamos en contacto, que recibían luz y calor de ellos. Cuando ahora levanto la vista al cielo me siento, igual que entonces, inmensamente pequeño, y pese a no escuchar ya su voz confiada y cariñosa, ni sentir su mano acariciando mi cabeza o nuca, siento la misma paz y bienestar que me invadían entonces.
            El otro color que, junto con el anterior, tiene mis preferencias es el azul del mar. Lo he añadido después. Desde hace ya bastantes años frecuento la playa, donde paso ratos estupendos nadando, chapoteando en la orilla o caminando por el paseo marítimo. Además, al ponerse el sol, el agua se tiñe de una variedad de tonos azulados, algunos casi verdosos, que  dan al conjunto un aspecto hermosísimo, relajante y grandioso. Cuando contemplo el mar al atardecer, ligeramente cansado por el ejercicio en el agua y notando en mi piel el efecto del sol, soy profundamente feliz.
        Tengo la esperanza de que el tiempo haga más amplia la lista de colores asociados a recuerdos entrañables o que me produzcan sentimientos muy reconfortantes.

MANUEL PEDRAZA



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas más populares