martes, 11 de abril de 2017

GENTE

Me gusta sentarme en una terraza y ver pasar a la gente, sobre todo en una ciudad que no sea la mía. Primero me fijo en cómo van vestidos. Es curioso que con cuatro o cinco elementos fundamentales, exista tal cantidad de combinaciones, que es difícil que coincidan dos personas con la misma vestimenta; pero también es verdad que una misma ropa a unas personas les queda como un guante y en otras te da la sensación de que se las han tirado desde un balcón.
No puedo remediar inventarme historias de las personas que veo. Algunos van muy deprisa, con determinación. Esos, pienso,  saben a dónde van, tienen cosas que hacer o alguien les espera, tienen suerte. Otros, solitarios, pasean despacio, mirando a todos lados, deseando encontrarse con algún rostro conocido para hablar un rato;  se quedan con el semblante triste al despedirse. Pobres, deben estar solos en casa y salen a la calle para poder hablar con alguien o simplemente escuchar ruido.
Veo parejas y, cuando la diferencia de edad es grande, me entra la curiosidad por saber si la relación entre ellos es paterno-filial o es un ligue. Lo segundo me gusta más, tiene más morbo;  si serán separados, cuántos hijos tendrá cada uno, por qué habrán dejado a los anteriores cónyuges.  Cuando escucho que dicen papá o mamá, la magia se rompe.
Cada vez se ven más segundas parejas. Esas Se nota porque, siendo ya de cierta edad, se miran tiernamente, van de la mano y se ríen de una manera tonta.
Al final, me voy y pienso cuántas sorpresas me podría llevar si pudiera saber la realidad de cada cual. Entonces me acuerdo de la canción de Ana Belén:
Gente que vive a la moda.
Gente que viene y que va,
pero….qué sola está.

MAITE GALLARDO

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