miércoles, 26 de abril de 2017

LA CAFETERA


Desde mi ventana veo que amanece nublado, la plaza vacía, testigo cómplice del silencio que la  habita. Los bancos, ocupados por inquilinos invisibles. Hojas caídas de los árboles descansan dormidas. Los madrugadores pájaros empiezan con sus  gorjeos a resurgir. A continuación, van apareciendo tímidamente algunos viandantes.

Todo ellos van cargados de sus mochilas llenas de recuerdos, emociones, alegrías, penas, problemas, ilusiones, proyectos…

Un intenso olor a café y pan tostado inunda la plaza. Nadie parece ser consciente de. Todos caminan deprisa, menos el vendedor de la ONCE, que permanece estático.

El olor cada vez es más penetrante. Vuelvo a la realidad, miro a mi alrededor y noto que el olor  viene de detrás de mí. En este momento recuerdo que hace unos minutos empecé a prepararme el desayuno. Salgo corriendo, me dejo la zapatilla atrás, tropiezo y caigo en plancha. Me levanto como puedo, me dirijo a la cocina y veo un chicharrón de pan humeante y toda la pared llena de lunares y chorreones de café. Pienso: “¡Empiezo el día con buen pie! Ja ja ja...”.


MARÍA GRACIA GÓMEZ MACHUCA




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