martes, 11 de abril de 2017

MI VENTANA

Ayer me puse a mirar la gente que pasaba por la plaza. Me fijaba en todos los detalles. Me parapetaba tras mi copa de vino tinto, evocadora de largas jornadas de vendimia; la acariciaba con mis manos, envolviéndola suavemente en las volutas que desprendía mi cigarrillo. Con mi mente volaba a horcajadas sobre el humo, divagando entre los recuerdos guardados en lo más profundo de mi corazón.
Veo a los viandantes presurosos, corriendo tras los sueños que forjan día a día. Van tan de prisa, que apenas aprecian las pequeñas cosas, grandes alegrías que nos ofrece la vida en los detalles más insignificantes; pasan inadvertidos cuando nos sumergimos en el proyecto complejo de forjar el futuro.
¿Qué es el futuro, si después de pronunciarlo se convierte en pretérito?
Ante mis ojos, la plaza apareció fresca, purificada, la lluvia la había limpiado. Lo mismo el tiempo se lleva nuestras intenciones y deshace las ilusiones que crecen en nuestro interior. Por suerte, también arrastra el dolor, aunque este  tiene más instinto de permanencia y se agarra al alma hasta que con un golpe de fuerza consigues deshacerte de él.
Mi presente es este, apreciar la belleza tras el cristal de la ventana, salpicado por la lluvia que lo ha acariciado. Probablemente le haya susurrado al oído cosas bellas. Y le haya mostrado la magia de las transparentes perlas de agua temblorosa, el brillo del sol, que vuelve a relucir tras la tempestad, un poco apagado por la ira luminosa de los truenos; o le haya hecho admirar los brillantes colores de las perfumadas clavelinas, que, sobre la frialdad del vidrio, anhelan desde sus humildes macetas grandes y presuntuosos jardines lejanos.
Ahora veo pasar los días, sin sobresaltos, apreciando los efectos de la tormenta y la belleza del arco iris. Desde este ventanal analizo mi vida, viéndome reflejada en todos y cada uno de los paseantes que cruzan frente a mi mirada. Estoy dentro de ellos y  ellos dentro de mí. Percibo que somos parte de un todo indivisible, figurantes de una comedia en la que no tenemos reservados los papeles principales. Diariamente la estrenamos con nuestras ilusiones, esperando el cálido aplauso necesario para sobrevivir.
MAITE MARTÍN

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