miércoles, 12 de abril de 2017

PARTO

                               Mi querida María
    
            Una gran noticia: el cuatro de mayo he parido a mi hija. Una niña pequeña y rosada, que se ha convertido en la ilusión de mi vida. No te lo he comunicado por teléfono porque me gusta más la idea de transmitirte mis sensaciones por escrito.
¿Recuerdas cuántas cosas me decías respecto al parto? Pues ahora te describo todo lo que sentí en este momento. Estando sola en casa, se  me rompió la bolsa. Mi marido estaba de viaje y me tuve que marchar al hospital sin ninguna compañía. Allí sentí una soledad inmensa mientras me trasladaban al paritorio. Era un momento muy importante para estar tan sola.
Recuerdo esos momentos de incertidumbre y dolor hablando conmigo misma diciendo: “Estoy pariendo. Me decían que esto era lo más hermoso que me podía pasar. No sé. Siento como las entrañas se me desgarraban. Creía que estos dolores eran inexistentes. Mi boca expulsa una nube verde de bilis de forma compulsiva. Estoy sudando. Han llegado dos personas y de forma brusca me han subido a una camilla especial. Me colocan las piernas abiertas, apoyadas en dos arcos fríos. Me siento indefensa. Les miro intentando que me transmitan alguna sensación que me tranquilice. Pero no me prestan atención, formo parte de su rutina de trabajo. Todo lo hacen mecánico, frio... De repente, siento un líquido templado que de forma tenue se desliza por mis piernas. Me atraviesa un dolor intenso. Sin embargo, entro en una explosión de júbilo. Estoy viendo salir de mi cuerpo a mi hijo. No sé si será niño o niña, no he querido saberlo. Me incorporan y percibo su lucha para formar parte de la vida. Le ayudo con fuerza y me olvido de mí. Porque yo ya he pasado a un segundo plano, mi sufrimiento ya no es importante. Esa cabeza que emerge será para siempre mi prioridad. He comenzado a ser madre, a darle lo mejor de mí. Soy mujer y tengo el privilegio de parir y dar vida”.
            Todo esto sentí. Me había transformado, gracias al milagro de la vida, en una persona totalmente diferente a la que entró en el paritorio.
            Espero que vengas pronto y disfrutes de esta princesita que fue engendrada con amor, parida con mucho dolor y que a partir de ahora será la meta de mi vida.
            Te espero con mucha ilusión. Un beso enorme.
                                                                                                  Gloria.

                                                                              MARÍACÓRDOBA

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