miércoles, 26 de abril de 2017

RECUERDOS


Ella nunca había ido a París, no había visto la Torre Eiffel  más que en  las típicas imágenes que conoce todo el mundo; desde que compartían piso, su curiosidad por visitar la famosa torre y el ambiente parisino  se habían despertado en ella. Su amiga era  una enamorada de su país y una gran narradora: contaba el suceso más insignificante con tanta pasión y detalle, que era un placer escucharla. Explicaba las formas, colores olores, ambientes y situaciones…

Se conocieron por un anuncio para compartir piso. Fue una suerte para las dos. Empezaron dándose unos días de prueba y habían terminado siendo grandes amigas y confidentes.

Era francesa y se llamaba Carmen. Extraño, ¿verdad? Pues no,  era hija de padres españoles. Su padre quiso ponerle un nombre muy español para que siempre le recordara sus orígenes y ¡vaya si lo consiguió! En un viaje a España, la joven se había enamorado de un gaditano y aquí se quedó. Era una pareja fantástica, lo que se dice tal para cual.

Siempre que hablaban de París, Carmen le prometía a Ana que un día irían juntas y le enseñaría todos esos lugares que a ella tanto le gustaba que le describiera.

Cuando volvió de sus últimas vacaciones, le trajo un regalo. Era un cuadro pequeño sobre un caballete, en el que se veía al fondo la Torre Eiffel, un puente y el Sena lleno de barcos. Le dijo:

− Esto es un adelanto, para que te vayas haciendo una idea.

Sin embargo no pudo ser. Un fatal accidente fue el cruel causante de tener que decir adiós a la Torre Eiffel antes que hola.  Aunque alguna vez visite París, ya no podrá ver el que Carmen le contaba.

                                                                                                                  ROSA ARJONA

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