martes, 25 de abril de 2017

ROSARIO

En el momento de despertar, no aprecio nada fuera de lo normal. Era una mañana de Invierno como cualquier otra .
La luz era, quizás, más intensa  y fría de lo habitual. Pero no se percató, en un principio, del  silencio infinito que lo invadía todo.
No fue hasta instantes más tarde, cuando Rosario percibió que había algo que no iba del todo bien. No sabría cómo explicarlo, pero presentía lo peor.
            Aunque estaba aterrorizada, por esa escalofriante intuición, se afanó en comportarse como todas las mañanas. Lo primero que hizo fue acercarse a  la cocina para hacer café. El olor del café recién hecho siempre le había reconfortado. Pero aquella mañana, ni el olor del café pudo cambiar lo inevitable.
En el preciso instante en que apagó el gas, notó una fuerte punzada en el abdomen, que le hizo caer de rodillas delante de la hornilla. No era dolor físico, era un inmenso terror que surgió de aquel presentimiento. Era un oscuro presagio que surgía de lo más profundo de su ser. Sabía que algo  horrible acababa de ocurrir. No sabría cómo explicarlo, pero tenía la certeza de que ya nada sería lo mismo.
De repente, en medio de ese infernal silencio, empezó a sonar el teléfono de forma insistente. Ese obstinado sonido que  no cesaba en su pretensión , que no paraba de rugir con esa  dureza. Viene a anunciarle lo que Rosario ha sabido desde el mismo instante que ocurrió.
No tuvo fuerzas para acercarse al teléfono y mucho menos para contestar. ¿Para qué? ¿Para que alguien se lo confirmarse?
—“¡No quiero!…¡No es justo!… Mi hijo, con solo 21 años.
            Sola , inmóvil, tirada en el suelo de la cocina , con su mirada fijada en un punto y  solo acompañada de su dolor. Recordaba algunas breves escenas junto a su hijo, llenas de ternura , que hacían más difícil aún el seguir viviendo después de su muerte.
¿Cómo es posible que pueda el corazón continuar latiendo después de esto? Siento asco de mi cuerpo, viejo y arrugado, que  hace aproximadamente 21años fue usado con el único propósito de engendrarte, olvidándome a partir de ese instante de mí. Toda mi vida  fue por él  y para él, ese matrimonio de conveniencia, esa repulsión a ser acariciada, esas  continuas violaciones consentidas. Todo parte del aquel trato inicial donde tú estabas a mi lado. Recuerdo aquellos sueños de niña en los que me imaginaba siendo madre . Nunca he percibido la vida sin que tú me acompañaras en el hermoso papel de ser tu madre. Me olvidé de vivir, sin ti…Y ahora te has ido.”
Su propia respiración se fue ralentizando. Sentía cómo una fuerte opresión en pecho le iba arrebatando los únicos hilos que le unían con lo terrenal. No le dejaba respirar. Poco a poco,  el dolor iba invadiendo sus órganos, volviéndola en una apacible melancolía.
Volvió a sonar el teléfono, esta vez más fuerte y con mayor urgencia. ¡Ese timbre impertinente, que tiene la desfachatez de irrumpir en su casa! Ese sonido arrogante y desbastador, que no se da por vencido.
¡Dios, le iba a estallar la cabeza  de dolor!
Por fin dejó de sonar el teléfono... Y ella de respirar.

RAFI ANGOSTO


7 comentarios:

  1. Sorprendente relato! Muy bien escrito, me ha gustado mucho a pesar de lo triste que es..

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Un breve momento, una gran historia y una magnifica narración.

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  3. Magnífico relato!!te sumerge en la narración el vello de punta!

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  4. Tal como lo que narra, es una punzada que nos deja sin respiración en nuestro punto existencial más débil. Un magnífico punto de arranque para esta narradora en ciernes.

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  5. Está espectacularmente escrito; es fluido, no lleno de miles de adjetivos como hacen algunos escritores que empalagan, y describe muy bien un momento desgarrador. Me gusta

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