jueves, 11 de mayo de 2017

DON PELAYO


            Paseando por la alameda, me encontré con Don Pelayo. Nunca imaginó la vida tan 
azarosa que tendría.
De pequeño, las hormigas le hacían cosquillas, se metían por todos sus recovecos y no le dejaban dormir la siesta. Con el tiempo, llegaron a ser buenos amigos y confidentes; jamás delató dónde estaban sus escondrijos.
A medida que fue pasando el tiempo, se hizo amigo de gorriones que lo despertaban al amanecer con sus trinos y juegos. Además, vio crecer a muchos de sus polluelos, a los que vigilaba expectante.
Por las mañanas se desperezaba viendo nacer el día y, cuando el sol estaba en todo  su auge, él también reflejaba un brillo resplandeciente.
Al llegar el otoño se sentía cansado y entre sus ramas escondía su tristeza, ya que no le quedaban hojas. En primavera resurgía, se regeneraba y se ponía alegre y dicharachero.
Con el paso de los años se hizo fuerte y robusto ¡Ni los más grandes vendavales eran capaces de tumbarlo!
De todos es conocido Don Pelayo. El más legendario, grande, robusto y majestuoso de todos los árboles, bautizado así en honor al primer monarca asturiano.

Mª Gracia Gómez Machuca 

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