jueves, 11 de mayo de 2017

LÁGRIMAS DE BASURA

          Un golpe seco impacta sobre el fondo de mi estructura. Algo se mueve inquieto en la oscuridad de mi entorno. Un ladrido dolorido me hace comprender lo que tengo dentro de mí. Es un perro pequeño; le falta un ojo y tiene una pata doblada.

          Se han desprendido de él de una forma violenta y agresiva. Lo han abandonado para que muera.

          Aparentemente soy un colaborador cómplice, pasivo e indiferente. Pero eso no es así. Me   preocupa la actitud de todos ellos, ya que hay muchas cosas que me estremecen, que me angustian. Como lo de este animal, que me lame, buscando calor y ternura en mí. Y yo no puedo evitar que lágrimas de basura me opriman.

          Pero yo, un simple contenedor, me siento responsable, porque, aunque solo somos los que almacenamos los desechos de los seres humanos, también tenemos nuestra nobleza oculta.

          Cuando por la noche evacuan las inmundicias de nuestro interior, en este momento quisiera poder gritar por qué existe tanta desigualdad e indiferencia entre ellos. Mi grito silencioso nunca llegará a ningún lado. Ni jamás podré transmitir lo que me duele: ver algunas veces cómo una mano eleva la tapa que me cubre y descubrir unos ojos ansiosos escudriñando en mi interior. Buscan dentro de mí, hasta lo más profundo, para ver si hay migajas de comida para paliar su hambre.

          Somos los portadores de las miserias humanas, convivimos con ellas. A veces nuestro olor los aleja con repugnancia, sin comprender que nuestro olor es el olor de ellos.

         Depositan en nuestro interior tantas cosas, que nos hacen espectadores de su forma de vivir. Allí, en la oscuridad del habitáculo, vemos sus mezquindades, avaricia, descontrol, dejadez, indiferencia, falta de colaboración. También su abundancia, pobreza, despilfarro. Percibimos si hay niños, viejos, juventud, lujuria, falta de colaboración con el medio ambiente...

          Para ellos somos una simple estructura anclada al suelo. Pues se equivocan: somos la voz de su conciencia en silencio, a pesar de que no lo quieran ver.

          Y por eso hoy he llorado. He compartido con este pequeño perro las injusticias que veo a diario. Aunque sea rodeado de mierda. Pero no es nuestra mierda, es toda de ellos.

          Y ahora, duérmete perrito, duerme. Que esta nana entre basura te dormirá.

MARÍA CÓRDOBA


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