sábado, 13 de mayo de 2017

NUESTRO SECRETO

          No había colegio ese día. Uno en medio del curso de los que figuran en el calendario escolar de vacaciones, que corresponden a la localidad. Por eso, al trabajar los padres, decidí ir con mis nietos a dar un paseo por el campo .
          Fuimos en el coche. Llevaba una bolsa con bocadillos y una botella de agua. El campo estaba precioso, la primavera  en todo su esplendor, aquel había sido un buen año de agua y estaba todo cubierto de flores. Estuvimos buscando insectos, jugando al escondite, metiendo los pies en un riachuelo que por allí pasaba...
          A media mañana, los niños querían tomar algo. Nos sentamos al pie de un árbol frondoso, donde había mucha sombra. Abrí los bocadillos, puse un mantel en el suelo y, sobre un papel, queso, salchichón, chocolate,  piquitos y un tarro pequeño con mermelada, que a ellos les gusta mucho.
          No me dí cuenta de que cerca habría algún enjambre . Así que nada más empezar, todo lo que teníamos  en el mantel de papel, se cubrió de abejas. Los niños se asustaron, yo para quitarles el miedo, les dije que no palmotearan y se quedaran tranquilos para que no les picasen. Muy valiente, para darles la sensación de serenidad, cogí una rueda de salchichón y creyendo que no tendría ningún insecto, que también a mí me resultaba espeluznante… me la metí en la boca.
          Noté la picadura. Enseguida mi cuerpo empezó a experimentar unas sensaciones extrañas. Oía a mis nietos de una manera lejana y decían: “¿Abuela, dónde estás?”.
Yo quiero hablar, pero no puedo. Seguramente la lengua se ha hinchado, pienso. Estoy aquí, a vuestro lado, no tengáis miedo… Pero la voz sigue sin salir. Beberé, en el río. Me muevo diferente, mi cuerpo es más pesado. Me agacho y el agua me devuelve una imagen muy extraña.
Soy un caballo, tengo alas, Dios mío.
- ¡¡Holaaaa!!  -y por fin me oigo. 
Los niños:
- Abuela, ¿qué te ha pasado? Qué divertido, eres un caballito.
Así que estuvimos jugando, ellos se subieron en mí.
- ¡¡Agarraos fuerte!!, vamos de viaje.
          Subimos a una montaña muy alta, bajamos a un valle precioso, la tarde era maravillosa. Pero había que regresar. ¿Qué hacer? No podía llevar el coche. Así que, con ellos montados, llegamos a la puerta de su casa.
- Chicos, ¿lo habéis pasado bien?
- Sí, abuela, ha sido fantástico.
- Bueno, éste será nuestro secreto.

Volví  donde había dejado el coche. Allí estaba. Me eché al lado.


MAITE GALLARDO

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