martes, 13 de junio de 2017

ASESINOS DE LA CARRETERA

De pronto, un golpe seco. Se había oído el chirriar de unos frenos.     Después, lamentos, gritos… “¡¡¡Llamad a una ambulancia!!!”, “¡¡¡Franc, Franc. Dios mío, no contesta!!! Pero, ¿qué ha hecho ese hijo de puta?”. Hombres como castillos y lloraban como niños por la impotencia que causaba el espectáculo que se presentaba ante nuestros ojos. Íbamos detrás y presenciamos el accidente. “¡Lloraban, lloraban! “, “ ¿No dicen que los hombres no lloran?”
Llegó la ambulancia, la policía. Del coche sacaron a una mujer joven, callada, con cara de idiota. Allí mismo le hicieron las pruebas de alcohol y de drogas. ¡Dio positivo en ambos! A mi dueño, Alberto, y a sus amigos los metieron en la ambulancia. Escuché decir que rápido para el hospital. En el suelo quedaron unos cuerpos cubiertos con unas mantas; oí que habían muerto. A nosotras, las bicicletas, nos metieron en un camión-grúa y nos llevaron al depósito de la policía.
Pasados varios días, Alberto vino a recogerme. Estaba destrozado. Su amigo Franc había quedado en el asfalto. También otro compañero, pero Franc… Eran muchos años los que llevábamos saliendo juntos. Los ciclistas nos aman, nos cuidan, nos tienen siempre a punto. Nos hacen pasar muy buenos ratos. Son gente sana, a la que les gusta el contacto con la naturaleza.
Ese día habíamos salido temprano. Querían volver pronto, porque algunos tenían celebraciones de comunión. Los domingos es peligroso circular por las carreteras secundarias. No todo el mundo está concienciado todavía de que no debe coger el coche después de haber bebido.
Alberto y Franc iban charlando y bromeando. Vieron una venta y dijeron al grupo que ya era hora de tomar un café… Y de pronto: ¡zas!, el topetazo. Nosotros, Alberto y yo, su bici, íbamos en paralelo con Franc, que circulaba por la parte de fuera.
Alberto, sujetándome en el cuartel de la policía, comentaba entre sollozos con otros amigos que habían ido también a recoger las suyas, y con los policías, que aún no se creían lo que había pasado.
Uno de los policías que los escuchaba y se solidarizaba con su dolor les comentó: “¡Qué insensatez!  ¿Cómo se puede conducir, después de una noche en la que has estado bebiendo y consumiendo drogas? ¿No piensas que no eres dueño de tus reflejos?  ¿Que puedes quedarte dormido? ¿Podrás seguir viviendo, con la carga de haber provocado la muerte a unas personas que sólo estaban practicando deporte?”.
Días después escuché en las noticias —estábamos las bicicletas y nuestros dueños en una terraza— algo así como que la persona que nos había atropellado era reincidente y que sería acusada de homicidio involuntario. Alberto dio un puñetazo en la mesa y exclamó:
—¿Homicidio involuntario? ¿Los humanos somos tontos? ¿Cómo se puede  hablar de homicidio involuntario cuando una persona coge un coche habiendo bebido y consumido drogas?
—Eso es abiertamente para mí un A-SE-SI-NA-TO —dijo Moisés— y la persona que lo comete una ¡¡ ASESINA!! Hoy se tiene conocimiento suficiente para saber que no se puede conducir bajo los efectos del alcohol y las drogas.
—La Administración debería ser más dura con esas personas. Siegan la vida de seres que no tienen la culpa de su falta de responsabilidad y de su insensatez —dijo Elisa. 
Todos estuvieron de acuerdo en que debían hacerse oír para manifestar su disconformidad y su intolerancia hacia esos  ASESINOS DE LA CARRETERA.

MAITE GALLARDO

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas más populares