viernes, 30 de junio de 2017

EL MEJOR REGALO

        Era el Día de la Madre. Un Dia de la Madre un tanto especial. Falto de la luminosidad e ilusión que siempre lo habían caracterizado. Los 90 años de mi madre y su frágil estado de salud era el preludio de una inevitable despedida.
Pero un rayo de luz inesperado lo tiñó de esperanza e ilusión.
 Mi hijo, con su guasa habitual, cuando vinieron a vernos dijo.
       —Sólo venimos a felicitaros, el regalo vendrá después.
       —Bueno —respondí, creyendo que se trataba de algo comprado por internet que no había llegado. —Es que va a tardar más de la cuenta, unos ocho o nueve meses.
        ¡¡¡Madre mía!!! Me dejó sin  palabras: ¡¡¡no era un regalo, era una bendición de Dios!!!
        Con aquella noticia comenzaban unos meses de contraste y contradicción,  esperanza y adiós. Mi nieta venía, mi madre partía...
          Siempre recordaré la cara de mi madre cuando oyó la noticia. Sus ojos cansados y sin brillo se iluminaron de ilusión y se planteó enseguida de qué color sería el jersey que le haría.
         No era su biznieta. Era la hija de su primo Marcelo, desde hacía unos meses mi hijo había pasado en su confusión a ser su primo en lugar de su nieto.

        Fue la que más disfrutó  la noticia, cada vez que venían a casa los futuros papás, mi hijo le decía:
       —¡¡¡Abuela!!! ¿Sabes que voy a ser padre?
       —¿Sí?¡¡¡Qué alegría!!!
          Sus ojos se iluminaban y en su cara inexpresiva y cansada brillaba un destello de ilusión, siempre que preguntaba.
             —¿Es niño o niña? —por aquello del color de la lana.
       El día que se supo que sería niña, la ilusión fue mayor;  a ella siempre le habían gustado más las niñas. Aunque, por paradojas de la vida, su ojito derecho siempre fue su niño.   Ese día decidió que el jerséis sería rosa. Su primo Marcelo iba a ser padre de una niña.
        Los Reyes Magos nos trajeron la más preciosa de las muñecas. Ella ya no entendió la noticia, sus neuronas estaban ya demasiado deterioradas.

         El jersey rosa en cierto modo se lo hizo ella. Sin sus enseñanzas, yo no hubiera podido hacerlo.

                                                                                                ROSA ARJONA

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