domingo, 11 de junio de 2017

PALITROQUE

Palitroque era viejo, muy viejo, pero tenía carita de niño. Se pasaba todo el tiempo allí, sentado en la antigua estantería, atado a los hilos que lo mantenían enganchado a una cruceta de madera. Sus ropas estaban gastadas y descoloridas y su rostro se veía inexpresivo. Sin embargo, cuando alguien le cogía, cobraba vida y parecía reír o llorar y saltaba alegre a veces, o se sentaba pensativo, o saludaba moviendo los brazos. Todo dependía de quien le moviera. Pero al verlo así, tan quieto, nadie podía adivinar lo que realmente sentía, nadie podía imaginar que en su interior bullía un alma joven con colores muy vivos. Palitroque siempre fue un poeta. En su pequeña cabecita de madera fraguaba poemas muy tiernos que recitaba en la oscuridad de la noche:

Quién pudiera
vivir en libertad,
sin cuerdas que le aten,
sin nadie que le mueva.
¿Llegará el día?
¿Llegará?
Quién pudiera
volar como un pájaro,
deslizarse entre las nubes,
cruzar el arco iris.
¿Llegará el día?
¿Llegará?

Hacía tiempo había oído hablar a alguien de la reencarnación y se preguntaba dónde iría su alma cuando él muriera. Soñaba con renacer como un niño y poder andar sin hilos que le sujetaran, o al menos ser un simple perrito que ladrara alegre mientras movía el rabo, o un ave viajera que dibujara su silueta sobre el cielo azul.

–¡Qué marioneta más fea! ¡Ya estoy harta de limpiarle el polvo! –oyó decir un día mientras le zarandeaban.
Notó un tirón que lo partió en pedazos y cayó sin vida en un cubo de basura.

 Algunos años después, una mañana de primavera, un niño jugaba en el parque con una ramita.
–¡Mamá, mamá! Mira lo que he encontrado: un pájaro de madera.
–Pero si es sólo un palitroque –respondió la madre.
–¿Palitroque? –dijo el niño pensativo–. ¡Qué bonito nombre tiene mi pajarillo! ¿No lo he oído yo antes? Llamándose así seguro que conseguirá volar.
El pequeño levantó la figura de palo en el aire y dio vueltas mirando hacia arriba para comprobar cómo parecía un ave planeando bajo el cielo azul.
–Mamá, algún día yo también quiero ser un pájaro para deslizarme entre las nubes y cruzar el arco iris.
Su madre lo escucha embelesada mientras piensa: “Mi niño en otra vida ha tenido que ser poeta”


MARÍA ROSARIO FERNÁNDEZ 

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