martes, 11 de julio de 2017

LOS INOLVIDABLES VERANOS DE NUESTRA VIDA


Todos los años, cuando los días ya eran más largos y las noches tardaban más en llegar, algo dentro de mí volvía a renacer. La vida me parecía maravillosa y los días estaban llenos de luz y de proyectos estivales.

Era tiempo de ocio y relax. Las cálidas temperaturas invitaban a disfrutar más de la vida al aire libre y las excursiones en bicicleta no se hacían esperar. Como un pequeño batallón ciclista, el grupo de amigas aficionadas a este deporte circulábamos desperdigadas por la calle principal de pueblo, en busca del sendero que nos alejaría de este, por espacio de unas horas y pasear por él, con el menor riesgo posible. Aún así, no nos librábamos de algún que otro tropezón con la consiguiente caída, siempre sin consecuencias graves.


Cuando organizábamos estas salidas no nos conformábamos con el paseo en bici, también llevábamos el equipo de baño, que consistía en el bañador, la toalla y una cajita de crema Nivea. Había por allí una laguna cercana al pueblo, en la que el agua nos llegaba un poco más arriba de las rodillas. Nos bañábamos sin tener que preocuparnos, como hoy día, de llevar un protector para el rostro, otro para el pelo y otro para el cuerpo; el pareo, las sandalias de goma para el agua, la gorra de visera, las gafas de sol, el protector labial, etc.

Se necesitaba muy poco para disfrutar del verano. También es verdad que éramos muy jóvenes y la capa de ozono estaba todavía intacta, pero aun así lo comparo con todo lo que necesitamos en la actualidad y de lo que ya no podemos prescindir.

PEPI PALOMO LÓPEZ


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